Presentación

En 2016, mientras trabajaba en una biblioteca universitaria, me encontré revisando el registro bibliográfico de algunos títulos y descubrí la novela gráfica Omaha de Reed Waller. Para mi sorpresa, el registro incluía la advertencia: «Si deseas consultar este libro, solicítalo de manera personal a la coordinadora [sic]». La novela, que incluye personajes antropomórficos en situaciones de sexo explícito, había sido excluida de las estanterías, aparentemente por ignorar el contexto más amplio de la obra.

Imagen: 1 representación libre de la censura de libros una biblioteca universitaria.

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Fuente: creación propia con AI

Cuando pregunté a la bibliotecaria responsable, me dijo que no había adquirido el libro y que «deberíamos hacer las cosas bien» [sic]. Le pregunté si lo había leído, a lo que respondió que no leía «basura» [sic]. Cuando llevé el caso a colegas y superiores, sus respuestas fueron igualmente sorprendentes. Uno comentó: «Mi hija es menor de edad y viene a esta biblioteca, no me gustaría que se encontrara con este libro». Otro, en un cargo directivo, me sugirió que el libro fuera enviado a un campus donde no tuvieran acceso los hijos del personal administrativo. Esa fue la decisión final. Años después, esa misma novela gráfica se exhibió en la biblioteca principal sin que hubiera quejas por parte de los estudiantes.